¿Voluntad o biología? Ejercicio para superar una adicción

Tan solo 5 minutos de ejercicio “resultaron eficaces para reducir el deseo de consumir inmediatamente después del ejercicio y hasta 30 minutos más tarde (…), observándose una mayor supresión de dicho deseo a intensidades de ejercicio más elevadas”, vieron investigadores de la Universidad de South Australia, después de analizar 59 estudios y más de 9.000 personas.

Publicada hace 2 meses, la investigación determinó que quienes entrenaban con regularidad, especialmente en intensidades de moderadas a vigorosas, tenían 15% más probabilidades de mantenerse sin fumar de forma continua, y hasta 21% más chance de seguir sin fumar a los 7 días, comparado con quienes no se ejercitaban del todo.

En mi familia hay adicciones. Algunas ya recuperadas; otras, en el proceso (gaD), y unas cuantas sin querer recuperarse (todavía, espero…).

No sé si uds. saben que las adicciones no son vicios, sino, enfermedades. Así lo dice la Organización Mundial de la Salud (OMS) en su manual más reciente (CIE-11),  donde las divide en dos grupos: los trastornos por uso de sustancias (alcohol, tabaco, drogas) y los que vienen de comportamientos adictivos (como el juego).

Siendo que el tabaco, la sustancia que investigaron en esa U de Australia, cae en uno de los grupos, “capaz que lo mismo aplica para otras adicciones”, pensé; y, con eso en mente, quise hacer mi propio meta-análisis .

SOS: Cerebro Secuestrado

Si ud. no ha tenido el placersh (léase con sarcasmo) de ver una adicción actuar de cerca, quizás piense “¿y por qué, si se siente mal al hacerlo o si sabe que la adicción le causa daño, no deja de hacerlo, y ya?”

Porque una adicción pasa de la voluntad a la biología.

La adicción secuestra el sistema de recompensa del cerebro y provoca picos artificiales de dopamina (la sustancia encargada de hacernos sentir motivación y placer).

Cuando la persona intenta dejar lo que le produce esos picos, esa ausencia genera un estrés tremendo.

Y no, no me refiero al estrés de cuando uno en la oficina siente un gorila en los hombros.

Es un estrés en todo el cuerpo, en la parte física (sudoración, palpitaciones, temblores, vómitos, diarreas…) y en la emocional (ansiedad, paranoia, pensamientos fatalistas…). Todo lo que se ve en las películas; pasa en la vida y pasa en TNT; la realidad supera la ficción y todas las frases cliché que quieran agregar aquí.

El cuerpo y la mente prefieren el alivio momentáneo de repetir su adicción (sea a una sustancia o a un comportamiento, independientemente de las consecuencias que esto traiga). Si el adicto está intentando recuperarse, llega la culpa y su consecuente intento de dejarlo otra vez, y va todo de nuevo. Rinse and repeat.

No es terquedad. Es un cerebro que está ne-ce-si-tando la sensación de bienestar que la adicción le genera.

Increíblemente, el ejercicio activa esos mismos circuitos de recompensa, pero de forma natural y sin los picos artificiales que generan las adicciones. Así lo demostró una revisión de las intervenciones basadas en el ejercicio para la rehabilitación de personas drogodependientes. Por eso, hacer actividad física nos pone de buen humor, seamos adictos o no.

Sin embargo, que logre este efecto en personas en recuperación es una verdadera salvada. ¿Por qué? La ansiedad, la irritabilidad, la depresión y el estrés del síndrome de abstinencia son los disparadores más comunes de una recaída; y, según investigadores de la Universidad Miguel Hernández de Elche, en Españael ejercicio ayuda a mitigar precisamente esos.

¿No? ¿Qué es eso?

En una persona adicta “el centro de control en la PFC no está funcionando como autorregulación”, dice Myrthe Hulsbergen, investigadora de la Universidad de Groningen en los Países Bajos. El daño en esta área hace que decir “no” sea muchísimo más difícil. Por eso, para el adicto resulta imposible frenar sus impulsos, llevándolo a la recaída, incluso cuando entienda las consecuencias negativas de ello.

Y acá entra Super Ejercicio al rescate, activando la corteza prefrontal (la zona que nos ayuda a pensar antes de actuar). Por eso, el ejercicio ayuda en la mejora la toma de decisiones y la resistencia a los impulsos.

Además, estimula la neurogénesis, es decir, la creación de neuronas nuevas, sobre todo en el hipocampo, contribuyendo a reparar el daño que dejaron las adicciones.

Traducido: el ejercicio no solo ayuda a resistir el impulso, sino que le devuelve fuerza a la parte del cerebro encargada de decidir bien. Por algo logra reducir la intensidad del craving y bajar el riesgo de recaída.

Cambios no biológicos

Una de las personas adictas con las que he hablado me dijo una vez: “una de las razones por las que podía seguir en mi adicción es, sencillamente, tenía tiempo para hacerlo”.

Mi compa está en lo cierto, según unos investigadores canadienses: “al realizar ejercicio de forma regular, las personas en proceso de recuperación establecen una rutina estructurada que ocupa su tiempo con actividades productivas y saludables. Esto no solo ayuda a evitar los factores desencadenantes, sino que también aporta un sentido de propósito y logro”, afirman.

Y aunque con solo ponerse las tenis y pegar brincos en la sala se pueden empezar a disfrutar de todos estos beneficios del ejercicio, si se realizan actividades grupales, se gana un ingrediente extra clave: comunidad.

El ejercicio grupal, como el CrossFit, puede contribuir a la recuperación de adicciones al “fomentar el apoyo comunitario“, dicen investigadoras de la Universidad Estatal de Kansas.

No es casualidad que tantos programas de recuperación incluyan actividad física en grupo: cambiar lugares, personas y rutinas viejas por unas nuevas y sanas es parte del proceso.

Pero ojo, quiero dejar algo en firme: no estoy diciendo que el ejercicio sustituye un tratamiento. De hecho, ni la ciencia misma sabe cuál es la fórmula mágica, sino que recomienda diferentes de actividad, dependiendo de la necesidad:

Lo que queda claro es que no debería quedar a la libre porque las personas con historial de adicciones están predispuestas a adoptar conductas sustitutivas que pueden convertirse en una nueva dependencia, advierte Hulsbergen. Por eso, la supervisión profesional es vital, no solo para prevenir lesiones físicas, sino para guiar a los pacientes a descubrir lo que significa una dosis “moderada” y saludable de actividad física

La ciencia nos muestra algo es que el cuerpo en movimiento es un aliado real para el cerebro que está luchando, sin importar contra qué. Repito: aliado. No queremos que sea sustituto ni de la adicción, ni de la terapia psicológica y/o pisquiátrica que el adicto requiera, ni del apoyo de los grupos de adictos anónimos que tanto bien les hace. Eso que quede bien claro, por favor.

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