Dormir para tener músculo: cómo el sueño profundo construye tu cuerpo  

Hay un meme que dice “los cuadritos no se hacen en el gym, sino en la cocina”, en referencia a la importancia de la dieta en un plan de entrenamiento. Pero lo que dice la ciencia es que los cuadritos y los demás músculos no se hacen en la cocina, sino, en la cama, durmiendo.

Un estudio de la Universidad de California, Berkeley, publicado en la revista Cell, mapeó el circuito del cerebro que conecta el sueño profundo con la hormona de crecimiento.

Sí, esa es la hormona que durante la niñez nos ayuda a crecer, pero en la adultez no se pensiona. Sigue trabajando: ayuda a mantener el sistema músculo-esquelético y regula cómo el cuerpo usa la grasa almacenada y el azúcar en sangre.

Los científicos vieron que gran parte de su liberación ocurre mientras dormimos, así que cuando el sueño se corta de forma constante, esa regulación se desajusta.

“La falta de sueño reduce la liberación de la hormona del crecimiento y, a su vez, un exceso de esta hormona puede empujar al cerebro hacia el estado de vigilia”, señaló el coautor del estudio Daniel Silverman, en el sitio de noticias de UC Berkeley. Por el contrario, “el sueño impulsa la liberación de la hormona del crecimiento, que actúa mediante retroalimentación para regular la vigilia; este equilibrio es esencial para el crecimiento, la reparación y la salud metabólica”.

Por eso, dormir poco puede aumentar el riesgo de obesidad, diabetes y enfermedad cardiovascular.

Entre 0 y 3 meses (recién nacidos), debe dormir entre 14 y 17 horas;

Entre 4 y 11 meses (infantes), debe dormir entre 12 y 15 horas;

Entre 1 y 2 años (niños pequeños), debe dormir entre 11 y 14 horas;

Entre 3 y 5 años (preescolares), debe dormir entre 10 y 13 horas;

Entre 6 y 13 años (escolares), debe dormir entre 9 y 11 horas;

Entre 14 y 17 años (adolescentes), debe dormir entre 8 y 10 horas;

Entre 18 y 64 años (adultos), debe dormir entre 7 y 9 horas;

65 años o más (adultos mayores), debe dormir entre 7 y 8 horas.

Y ojo que no solo importa la cantidad de sueño, sino también la calidad. En mi caso, aunque duermo al menos 8 horas diarias, no estaba descansando lo suficiente y mi cuerpo no lograba recuperarse después de mis sesiones de entrenamiento, lo que me hacía más propensa a lesionarme. Eso fue lo que me diagnosticó mi médico emergencióloga el año pasado. Desde que hice los ajustes correspondientes, no me he vuelto a lesionar.

Si bien el estudio de la Universidad de Berkeley se hizo en ratones, y no, en humanos, encaja con lo que ya se sabía sobre el sueño y el ejercicio: el ejercicio regular a largo plazo es bueno para dormir, pero la falta de sueño también puede conducir a una menor capacidad para hacer ejercicio; además, hacer ejercicio después de pocas horas de sueño hace que el entrenamiento sea menos efectivo.

Por eso, si ya tiene un plan estructurado que está ejecutando con regularidad, cuida su dieta e hidratación y aún no ves resultados, quizás sea momento de revisar el sueño, sea para aumentar su cantidad a lo que su organismo requiera y/o  mejorar su calidad.

¡Hay que moverse!, sí. pero también hay que dormir. La constancia se construye de día y se consolida de noche.

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